Jose Luis Perales 2013 Tag

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Más de quinientos mil abrazos

Me emocionan vuestros mensajes. Esos que, por ser tan sinceros y llenos de afecto, únicamente  pueden salir del corazón. Hoy, una vez más, os leo en mi Blog y emocionado por vuestras palabras siento que no soy merecedor de tanto cariño por el mero hecho de dedicar unos minutos de mi tiempo a compartirlos con vosotros y contaros algunas cosas de mí, de mis vivencias y mis sueños,  que por ser tan cotidianos  siento que son afines a los vuestros. Hoy, como cada día, estáis todos y siento que no estoy solo, aunque siempre presumí de ser un solitario. Siento vuestra...

Un domingo en Murano

  Tal como estaba previsto, Manuela sacó su agenda del bolso y se dispuso a llamar a la Condesa, una mujer veneciana que una amiga común nos había recomendado como la mejor guía para conocer cada rincón de la ciudad, ya que ella había nacido allí. Yo dormía mi pequeña siesta mientras Manuela hablaba con Fiorella, que así se llamaba nuestro contacto en Venecia. Al despertar me contó que había acordado una cita con ella para el  día siguiente por la tarde en su palacio. Como siempre acudimos con puntualidad inglesa a nuestra cita. Llamamos al timbre de la puerta y ante nosotros...

COMPAÑEROS DE VIAJE

Después de sesenta años,hoy lo he vuelto a encontrar. Maltratado por el tiempo, por esa soledad y olvido al que fue sometido cuando, pasada ya mi adolescencia, lo abandoné a su suerte al descubrirla a ella, con su cuerpo de mujer de curvas contundentes y piel tan suave como suave es cada caricia, como suave la música que suena cuando rozo su cuello con mis dedos. Ya sé que antes que ella fuiste tú compañero de ronda a esa novia primera que conquistamos juntos. Yo con el corazón, tú con tus notas. Y luego, ya mayores, despertamos los duendes de Sevilla...

El deporte de andar

Hoy, como cada mañana, y después de levantarme, ducharme, vestirme con el chándal y las zapatillas de andar y desayunar, emprendo junto a ella (omito su nombre por sabido), la caminata de una hora de duración cubriendo una distancia de unos tres kilómetros durante los cuales tenemos la oportunidad de hablar, callar y observar a la gente que como nosotros se empeña cada día en quitar algún gramo más de ese peso que no acaba de desaparecer de la báscula y que es el primer sobresalto de la mañanacuando antes de la ducha caemos en la tentación de saber cómo...

El muerto

Ese sin fin de términos marineros que de forma natural usan los hombres del mar como lenguaje habitual son los necesarios para que quienes los usan, auténticos patrones de embarcación, sean capaces de llevar cualquier tipo de barco a buen puerto. En el pantano donde nosotros solemos navegar las cosas son muy diferentes y, salvo algún leído navegante que llama a cada cosa y maniobra por su nombre, como es el caso de nuestro amigo Ignacio Navarrete, experto en todo lo relacionado con la navegación a vela y a quien debemos esta extraordinaria afición, el resto de los mortales, entre los...

Dos locos y un velero

Después de cinco años enclaustrado, silencioso y cubierto de polvo en un rincón del garaje de mi casa en Castejón, descansa, sediento de agua y viento, ese velero llamado “Libertad”. Una contradicción. Desde que ese lago en el que navegaba  vio como sus aguas bajaban de nivel debido a la escasez de lluvias, y a otras razones políticas que nunca comprendí muy bien -desnudar a un santo para vestir a otro-, y su panza estuvo a punto de tocar el barro y quedar varado como una pequeña arca de Noé sobre un desierto de lodo, nos vimos obligados a rescatarlo...

A ti, página en blanco

Hoy, de nuevo, como dos novios que se han dado un tiempo de respiro para evitar que el amor llegue a asfixiarlos, volvemos al encuentro  tú y yo, con el deseo irrefrenable de volver al amor, impoluto y ardiente, que dura entre los dos toda la vida, para volcar en ti, página en blanco, una música nueva,  para  vestir tu cuerpo de viuda solitaria y  salpicar de música ese desierto blanco que un día abandoné para contarle a todos que de nuevo las musas volaron nuestro cielo y llenaron de fiesta la soledad que amamos, y nació de nosotros de...

Sevilla en nuestras vidas…

Llegó encerrado en un sobre amarillo protegido interiormente por un plástico de burbujas y lacrado como si se tratara de un alto secreto que alguien quisiera compartir sólo conmigo. El nombre del remitente me recordó a un antiguo compañero de colegio. Rebobiné el tiempo intentando ponerle cara y, aunque me costó identificarlo, apareció por fin en la nebulosa de mi memoria la imagen de un joven de unos diecisiete años que, lejana y desdibujada por el tiempo, me animaba a abrir aquel sobre, invitándome a salir cuanto antes de la duda contenida en ese mensaje tan inesperado. Pero dado que...

Solo de Soledad

Una de mis palabras habituales a la hora de sentarme a escribir, incluso mil veces usada para dar título a alguna de mis canciones, o como eje principal de una historia, ha sido la soledad. Esa soledad que, en pura teoría, uno se inventa como guión romántico de una canción de desamor y que nada tiene que ver con la verdadera soledad sentida e impuesta cuando uno la experimenta y que es inevitable y amarga cuando llega, y te llena de desamparo y te desgarra el alma. Es esa soledad que sufre el hombre rodeado de gente en la ciudad...

Con la cruz a cuestas

Cada día, al terminar un concierto, el escenario queda sembrado de objetos como muestra de admiración y cariño  hacia el artista que esa noche dejó un poco de sí mismo en la interpretación de cada una de sus canciones, y que el público recompensa no solo con sus aplausos sino con algo tan sutil como una flor que marchitará, perdida en la oscuridad del escenario, si nadie lo remedia; un muñeco de peluche “para tus nietos”, o quizá una carta redactada con prisa entre canción y canción en donde alguien, que se ha sentido especialmente tocado en sus sentimientos más...