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31 octubre, 2013

De haber tenido un teléfono móvil

  De haber existido el teléfono móvil, aquel día me habría sentido menos solo, aquella soledad menos angustiosa, aquellos cuervos sobrevolando el cielo sobre mi cabeza me habrían parecido menos amenazantes y sus plumas menos negras. De haber existido ese milagro de la comunicación, no habría despertado en Manuela la angustia de la espera mientras pensaba: ¡dónde habrá ido este hombre!, mientras yo, una vez más, y como tantas otras, buscaba mi aventura en solitario sin revelar a nadie mi destino. Aquel día de mayo amaneció especialmente luminoso, y yo, amante de la naturaleza casi tanto como de Manuela, aquel día de...

11 octubre, 2013

Mi eterna timidez

¿Que si recuerdo mi primera actuación en público?...

16 septiembre, 2013

Un domingo en Murano

  Tal como estaba previsto, Manuela sacó su agenda del bolso y se dispuso a llamar a la Condesa, una mujer veneciana que una amiga común nos había recomendado como la mejor guía para conocer cada rincón de la ciudad, ya que ella había nacido allí. Yo dormía mi pequeña siesta mientras Manuela hablaba con Fiorella, que así se llamaba nuestro contacto en Venecia. Al despertar me contó que había acordado una cita con ella para el  día siguiente por la tarde en su palacio. Como siempre acudimos con puntualidad inglesa a nuestra cita. Llamamos al timbre de la puerta y ante nosotros...

27 agosto, 2013

COMPAÑEROS DE VIAJE

Después de sesenta años,hoy lo he vuelto a encontrar. Maltratado por el tiempo, por esa soledad y olvido al que fue sometido cuando, pasada ya mi adolescencia, lo abandoné a su suerte al descubrirla a ella, con su cuerpo de mujer de curvas contundentes y piel tan suave como suave es cada caricia, como suave la música que suena cuando rozo su cuello con mis dedos. Ya sé que antes que ella fuiste tú compañero de ronda a esa novia primera que conquistamos juntos. Yo con el corazón, tú con tus notas. Y luego, ya mayores, despertamos los duendes de Sevilla...

5 agosto, 2013

El deporte de andar

Hoy, como cada mañana, y después de levantarme, ducharme, vestirme con el chándal y las zapatillas de andar y desayunar, emprendo junto a ella (omito su nombre por sabido), la caminata de una hora de duración cubriendo una distancia de unos tres kilómetros durante los cuales tenemos la oportunidad de hablar, callar y observar a la gente que como nosotros se empeña cada día en quitar algún gramo más de ese peso que no acaba de desaparecer de la báscula y que es el primer sobresalto de la mañanacuando antes de la ducha caemos en la tentación de saber cómo...